«Mi madre me mostró el camino”: la historia de Henrry Sifontes, un migrante venezolano que convirtió el dolor en esperanza

Por Emma Lastenia Amador Talavera

21 de octubre 2026

La historia detrás de Pizzería La Torre

A los 40 años, cuando muchas personas piensan en consolidar lo que han construido durante décadas, el venezolano Henrry Sifontes tuvo que tomar una de las decisiones más difíciles de su vida: abandonar su país, separarse de su familia y comenzar desde cero en una tierra desconocida.

Henrry Sifontes

Licenciado en Administración, opositor al Gobierno venezolano y emprendedor, Sifontes forma parte de las miles de personas que se vieron obligadas a emigrar debido a la profunda crisis económica y política que afectó a Venezuela durante la última década. Su historia, sin embargo, está marcada por una palabra que se repite una y otra vez desde su salida de Venezuela hasta su presente en Costa Rica: esperanza.

Una despedida marcada por la incertidumbre

Nacido en El Tigre, estado Anzoátegui, Henrry recuerda que su decisión de emigrar no surgió de un momento a otro. Entre los años 2015 y 2017 Venezuela atravesó una severa crisis de desabastecimiento alimentario y una creciente tensión política que terminó afectando directamente su vida.

“Llegó un momento en que permanecer en mi país se volvió muy difícil”, relata.

En 2016 comenzó a considerar seriamente la posibilidad de salir de Venezuela. Su objetivo era encontrar estabilidad económica para apoyar a su familia, especialmente en aspectos tan básicos como la alimentación.

El destino elegido era Ecuador, pais vecino de su natal Venezuela, Durante meses organizó su proyecto migratorio convencido de que allí podría trabajar durante un año, establecerse y ayudar a sus seres queridos desde la distancia.

Sin embargo, la decisión implicaba una renuncia dolorosa. No solo dejaba atrás un país. También se despedía de una vida construida durante cuatro décadas: su profesión, su vivienda, su relación de pareja, sus mascotas y el hogar que había levantado con esfuerzo.

“Emigrar significaba dejar atrás 40 años de vida para comenzar de nuevo”, afirma.

El consejo de una madre que cambió el rumbo de la historia

Tres meses antes de su partida, ocurrió un hecho que con el tiempo adquiriría un significado especial.

Mientras se despedía de su familia, su madre le insistió en obtener el certificado internacional de vacunación contra la fiebre amarilla.

—¿Para qué voy a sacar eso si no me lo están pidiendo para ir a Ecuador? —le preguntó.

Pese a sus dudas, decidió seguir el consejo materno y obtuvo el documento.

En aquel momento no imaginaba que ese certificado tendría un papel fundamental en su futuro.

Cuando llegó a Guayaquil, Ecuador,  Henrry creía haber alcanzado el primer paso de su nuevo proyecto de vida. Sin embargo, la adaptación resultó más difícil de lo esperado.

No logró sentirse cómodo con el clima, la dinámica social ni el entorno en general. Aunque intentó encontrar oportunidades para establecerse, experimentó la sensación de que aquel lugar no era donde podría reconstruir su vida.

Después de permanecer un mes y dieciséis días en Ecuador, decidió tomar un nuevo rumbo, la vida tenía otros planes.

Una señal inesperada lo condujo a Costa Rica

La oportunidad surgió gracias a un amigo costarricense, el periodista Israel Oconitrillo, quien lo animó a trasladarse a Costa Rica.

Convencido por las recomendaciones y el apoyo ofrecido por su amigo, Henrry decidió intentarlo una vez más.

Al llegar al aeropuerto costarricense ocurrió una escena que aún hoy lo conmueve.

Un funcionario de Migración le solicitó el certificado internacional de vacunación contra la fiebre amarilla.

En ese instante recordó a su madre.

Buscó el documento dentro de una agenda de color verde que llevaba consigo durante el viaje y, al encontrarlo, no pudo contener las lágrimas.

“Fue un momento profundamente emotivo. Comprendí que aquel documento que creía innecesario era precisamente lo que necesitaba en ese momento”, recuerda.

Para él, aquel episodio representó mucho más que un simple requisito migratorio. Fue una señal de que Costa Rica era el destino donde debía comenzar una nueva etapa.

La esperanza convertida en oportunidad

Los primeros días en Costa Rica marcaron un giro positivo en su historia.

Apenas una semana después de su llegada consiguió empleo en un negocio con un nombre que nunca olvidaría: Pizzería La Esperanza.

Aquel trabajo  significó más que un ingreso económico; fue la primera oportunidad para integrarse al mercado laboral costarricense, adaptarse a una nueva realidad y recuperar la confianza después de meses de incertidumbre, “El nombre quedó grabado para siempre en mi historia”, comenta.

La palabra esperanza ya estaba asociada a la agenda que lo acompañó durante el viaje. Ahora aparecía nuevamente en el nombre del lugar que le abría las puertas con  una nueva oportunidad.

Con el tiempo logró desempeñarse como administrador en distintas empresas, retomando la profesión para la que se había formado y recuperar parte de la estabilidad que había perdido al emigrar.

La pandemia y el desafío de comenzar otra vez

Cuando parecía haber encontrado un camino firme, llegó la pandemia de COVID-19.   En 2020 perdió su empleo y volvió a enfrentarse a la incertidumbre, comenta que la situación lo afectó profundamente como a millones de personas en el mundo.  Esta condición no solo significaba quedarse sin ingresos, sino también la amenaza de perder todo el esfuerzo realizado para reconstruir su vida en Costa Rica. “Sentí que volvía a comenzar desde cero”, recuerda.

Lejos de su familia y enfrentando sólo los retos de la migración, atravesó momentos de gran desgaste emocional.

En medio de aquella etapa difícil vivió otro episodio que conserva con claridad en su memoria.

Un día, mientras lloraba en la calle preocupado por su situación, una persona se acercó y le dijo una frase breve:

—No llores, que este es tu destino.

Después de pronunciar esas palabras, aquella persona continuó su camino.

Poco tiempo después, Henrry recibió una llamada que le ofrecía una nueva oportunidad laboral. Paralelamente comenzó a tomar forma una idea que cambiaría nuevamente su vida: crear su propio negocio.

Pizzería La Torre: construir un sueño propio

Así nació Pizzería La Torre, el emprendimiento con el que actualmente busca consolidar su proyecto de vida en Costa Rica.

El camino del emprendimiento ha estado lejos de ser sencillo. Mantener un negocio en funcionamiento exige sacrificio, disciplina y una constante capacidad de adaptación.

A ello se suma otro desafío frecuente para muchos migrantes: las dificultades para reincorporarse al mercado laboral debido a la edad.

Aun así, Henrry no ha renunciado a sus objetivos.

“Pizzería La Torre representa una parte importante de mi reconstrucción personal”, asegura.

Más que vender pizzas, considera que su negocio simboliza la posibilidad de demostrar que aún es capaz de generar oportunidades, aplicar sus conocimientos profesionales y seguir construyendo futuro.

El apoyo de organizaciones e instituciones que brindan apoyo a personas migrantes y refugiadas ha sido fundamental para su desarrollo, las que lo acompañan constantemente en sus desafíos diarios.

Entre ellas destaca; ACNUR, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM),  el INA, IRCA Casa Abierta y otras entidades que le proporcionaron capacitación, asesoría y herramientas para fortalecer sus capacidades personales y profesionales.

Para Henrry, acceder a procesos de formación y orientación ha sido una pieza clave para avanzar en su proyecto de vida, actualmente participa en varios cursos académicos así mismo forma parte de organizaciones locales e internacionales pro defensa de derechos humanos.

Entre dos países

Hoy, varios años después de haber dejado Venezuela, Henrry Sifontes reconoce que vive entre dos realidades que forman parte de su identidad.

Venezuela sigue siendo el país donde nacieron sus sueños, donde permanecen sus raíces y gran parte de los recuerdos que marcaron su vida.

Costa Rica, en cambio, se convirtió en el escenario de su reconstrucción.

Aquí encontró oportunidades laborales, desarrolló un emprendimiento propio y conoció a personas que le tendieron la mano cuando más lo necesitaba.

Su historia refleja los desafíos que enfrentan miles de migrantes en la región: la separación familiar, la incertidumbre, la adaptación cultural y la necesidad permanente de reinventarse. Pero también demuestra la capacidad humana para levantarse después de cada caída.

“A los 40 años tuve que comenzar de nuevo. Hoy sigo enfrentando desafíos, pero también sigo creyendo en mi capacidad para salir adelante”, afirma.

Y aunque el camino no ha sido el que imaginó cuando salió de Venezuela rumbo a Ecuador, Henrry está convencido de que cada una de las experiencias vividas lo condujo al lugar donde debía estar.

Porque, como él mismo resume, la esperanza nunca ha sido solamente una palabra. Ha sido el hilo que ha unido su historia desde Venezuela hasta Costa Rica.

En la actualidad ha echado andar la publicidad de recaudar fondos mediante una rifa para poder encontrarse con su madre en Brasil, donde ella reside desde hace aproximadamente un año por motivos de salud.

Su esperanza es además, seguir luchando por la libertad de su país.


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